jueves, 5 de agosto de 2010

SALUD MATERNO INFANTIL

SALUD MATERNO – INFANTIL

El fomento de la salud del individuo comienza desde el momento de la fecundación, porque en ese instante comienza la vida a desarrollarse. Hay diferencias individuales, debidas a la herencia. Pueden ocurrir accidentes moleculares en los cromosomas que aumenten estas diferencias. Posteriormente, la salud del feto puede ser influida por la salud de la madre. Hay por lo tanto, una dependencia muy estrecha entre la madre y el niño y entre el ambiente que los rodea. Por esta razón, los problemas de la maternidad y de la infancia no se pueden separar ni dejar de considerarse fundamentalmente sociales.

Las madres están expuestas a los riesgos inherentes al embarazo, parto, puerperio y lactancia, y los niños a las dificultades del crecimiento y del desarrollo y al hecho de que los riesgos ambientales generales se agravan para ellos debido a la extrema labilidad del organismo en formación. Esta situación justifica la existencia de programas especiales de protección y fomento de la salud de la embarazada y del niño.

Otra razón muy importante para dar preferente atención a este grupo es que, si la salud es una manifestación del proceso de adaptación biológica, física y social del hombre al ambiente, debemos esforzarnos por fomentar la adaptabilidad y no parece que haya otra época de la vida mas oportuna para realizar esta adaptabilidad que durante la formación y desarrollo del nuevo ser.

La última consideración se relaciona con la cantidad del problema. Los riesgos de la maternidad y de la infancia afectan a un grupo considerable de la población. El 37% de la población es menor de 15 años y el 5% de las mujeres llegan anualmente a alguna etapa obstétrica; o sea, alrededor del 42% de la población está constituido por los grupos a que se dedica la higiene materna e infantil. Aún en países demográficamente viejos este porcentaje es cercano al 30%.

Los problemas específicos que afectan a la madre y el niño se agravan considerablemente en los países menos desarrollados, tanto porque la natalidad y la población infantil es más alta como por que los riesgos son mayores. En estos países las enfermedades transmisibles y la desnutrición matan a los niños, especialmente entre el 1º y el 4º año de vida. El hecho de que la mortalidad de los niños de 1 a 4 años este al mismo nivel que la mortalidad de los niños menores de un mes en Estados Unidos de América, refleja la enorme diferencia de las condiciones existentes. En EUA la mortalidad neonatal es más importante que la de los niños de 1 a 11 meses, mientras que en Chile la mortalidad infantil sigue siendo muy superior a la neonatal (lo que nos indica condiciones desfavorables en el ambiente).

De estos datos podemos afirmar que en las regiones menos desarrolladas la forma de lograr la supervivencia de la población infantil se encuentra estrechamente relacionada con el control de los riesgos ambientales y el mejoramiento del saneamiento básico. Específicamente, las enfermedades transmisibles y la desnutrición son los factores que mas influyen.

A diferencia de la infancia, los problemas específicos planteados por el embarazo y el parto dependen menos directamente de la seguridad del medio en general. Debido a que las mujeres, como adultos, han luchado ya contra las deficiencias y han conseguido adaptarse al medio en cierta medida. En los últimos 40 años la mortalidad materna ha descendido tanto en los países más desarrollados como en los menos desarrollados, esto debido a el mejor tratamiento de la infección puerperal, la hemorragia y la toxemia, lo cual ha reducido los riesgos de muerte de las madres aún en los países menos desarrollados donde no han cambiado las condiciones ambientales.

RIESGO OBSTÉTRICO

El embarazo, aún cuando es un proceso normal, va acompañado de riesgos para la madre y el recién nacido. Los riesgos obstétricos deberían medirse por la frecuencia de enfermedades y muerte de causa puerperal en relación con el número existente de embarazadas. Por razones obvias, es imposible conocer el número de embarazadas en una comunidad y muy difícil registrar la morbilidad obstétrica. Entonces, debemos recurrir a las tasas de mortalidad materna que puede ser precisada y que, además, es una medida directa de la morbilidad.

La mortalidad materna se refiere a las muertes obstétricas, es decir, aquellas debidas a complicaciones propias del embarazo, parto y puerperio. Excluye, por lo tanto, las muertes por accidentes no obstétricos y enfermedades intercurrentes que no tienen relación con la gestación. La Clasificación Internacional de Enfermedades y Causas de Muerte, las agrupa en tres apartados:

a) Causas Obstétricas Directas: Hemorragia, toxemia, infección, accidentes vasculares, anestesia, etc.

b) Causas Obstétricas Indirectas: Enfermedades cardiacas, vasculares, aparato reproductor, aparato urinario, hepáticas, pulmonares, metabólicas, etc.

c) Causas No Relacionadas con el Embarazo: Enfermedades transmisibles, discrasias sanguíneas, suicidio, asesinato, etc.

De todas las causas, de muerte obstétrica las más frecuentes (90%) son la infección puerperal, las toxemias del embarazo, y la hemorragia.

Hay factores sociales que influyen en la morbilidad y mortalidad materna. Entre estos factores sociales, el económico es muy importante y debe ser el causante de la mayoría de los abortos que se hacen. La ignorancia en la higiene del embarazo también tiene mucha intervención; las dietas insuficientes predisponen a las toxemias; la ilegitimidad significa por lo general abandono económico de la madre; la falta de leyes que permitan el reposo materno puede ser causante de una proporción mas alta de accidentes durante el embarazo; la insuficiencia de servicios médicos en países subdesarrollados.

La mortalidad materna alcanza sus niveles más altos en las edades extremas del periodo de fertilidad, en tanto que los riesgos de muerte menores se localizan en el grupo de 20 a 24 años. Los riesgos son mayores para el primer embarazo y después del 4º. La madre soltera tiene mayor mortalidad que la casada, y la proletaria muere en proporción más elevada que la de nivel económico alto.

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